Don Ernesto Herrera Ale, además de ser reconocido como un excelente empresario, lo era por su gran sencillez y sensibilidad para con las personas.

En 2016, luego de la muerte de su padre Don Carlos Herrera Araluce, los tres hijos del empresario; Carlos Manuel. Ernesto y Leticia, se tuvieron que enfrentar al reto de continuar consolidando la gran empresa que había logrado construir Don Carlos partiendo de la nada y que con la fórmula de sus quesos conquistó los mercados, nacional y de los Estados Unidos, empresa que crecería y después se diversificó en un gran emporio lechero con productos de alta calidad.

Carlos Manuel y Ernesto, desde adolescentes, acompañaban a su padre desde los recorridos por los establos hasta las exposiciones internacionales de maquinaria para la ordeña, y por los ranchos ganaderos de Texas y Arizona para adquirir sementales de alto registro, tanto bovinos como caprinos.

En tanto que Leticia desde casi adolescente, se preparaba en los asuntos de la administración de los establos, las pasteurizadoras y la empresa en general.

 Los tres aprendieron muchas cosas de su padre y no solo los negocio sino el respeto a las personas y la solidaridad.

Don Carlos tenía un alto sentido de la amistad y era muy solidario con sus amigos a quienes, cuando era necesario,  ayudaba a salir adelante aunque eso implicara que se metiera a negocios que no conocía como el periodismo y la televisión, pero donde encontró la manera de ayudar a muchas personas fue en la política a la que dedicó una buena parte de su tiempo y en la que realizó muchas obras importantes para el beneficio común como la creación de parques industriales en Gómez Palacio, que trajeron inversión y empleos.

De sus hijos la única que siguió el camino de la política, fue Leticia, la única mujer de los Herrera Ale, quien ha sido diputada local, federal, senadora y tres veces presidenta municipal de Gómez Palacio y siempre apoyada por su hermano Don Ernesto a quien nunca le gustaron los reflectores y solo apoyaba a las causas desde su empresa sin figurar en el ramo.

A la muerte de Don Carlos Herrera en 2016, las cosas se pusieron muy difíciles para el Grupo Chilchota, pues muchos de los socios dudaban de la capacidad de los hijos de su fundador para sacarla adelante, además de una gran cantidad de créditos que había que liquidar.

Fue cuando por acuerdo del consejo, Ernesto fue designado Presidente del Consejo de Administración y de inmediato inició la recuperación de la confianza en la empresa, no solo de los socios sino de otras instituciones.

Don Ernesto tenía dos grandes inquietudes, una de ellas era la conservación de los espacios religiosos y la otra el hotelería. En la primera ayudó a la conservación de las principales iglesias de Gómez Palacio algunas de ellas que datan de antes de la revolución y en la segunda, en el área de negocios, donde entró con éxito a la industria hotelera, construyendo y operando hoteles en Gómez Palacio y Torreón, uno de ellos asociado con una cadena internacional.

Logró también consolidar su vocación de apoyo a los más necesitados y junto con sus hermanos establecieron la Fundación Chilchota, que destina parte de sus utilidades a apoyar con despensas, aparatos ortopédicos y servicios médicos a muchísimas personas.

Siempre entusiasta, apoyó y asesoró a su hermana en su andar por la política que se ha distinguido por beneficiar a los que menos tienen y que le ha permitido permanecer en la política, mientras que junto con Carlos Manuel han logrado hacer de Chilchota una empresa con presencia nacional e internacional.

La sorpresiva muerte este domingo, de Don Ernesto Herrera Ale, ha conmocionado a la sociedad duranguense pues deja detrás de sí una gran labor empresarial y política.

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