Los enojos histriónicos del consejero presidente Lorenzo Córdova Vianello son más bien expresiones de su depresión política: aún sin Plan B, el grupo intelectual de José Woldenberg y el Instituto de Estudios para la Transición a la Democracia fracasaron en el intento de poner sucesor en la dirección del instituto electoral.
El próximo consejero presidente del INE saltará de nuevos cuadros intelectuales y la cuña cordovista de Edmundo Jacobo Molina como secretario ejecutivo comenzará a perder sus facultades extraordinarias y autoritarias para manejar el multimillonario presupuesto del organismo y el equilibrio en el Consejo General estará fuera del modelo salinista de un instituto controlado por la alianza PRIAN y sus intelectuales orgánicos.
Este escenario de fondo explica los comportamientos poco racionales de Córdova y sus actitudes más cercanas a la de un chivo en cristalería. La semana anterior realizó tres movimientos estratégicos que pervirtieron la función original y constitucional del Instituto:
