El robo de combustible en México se ha dividido en dos grandes rubros: el negocio ilícito operado por grupos pequeños de pobladores que circundan los ductos de Petróleos Mexicanos (Pemex), quienes venden el combustible a los consumidores de a pie y, por otra parte, el negocio operado por las bandas del crimen organizado dedicado a la venta de grandes cantidades de hidrocarburos a empresas y fábricas.
El Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y los Zetas o las células delictivas que se han desprendido de esta última agrupación son las organizaciones criminales que más se benefician del robo de combustibles en la actualidad, no obstante, en los últimos años han aparecido nuevas organizaciones criminales de carácter local que se benefician del robo de refinados a Pemex, afirmó el director de la consultoría de riesgos Etellekt, Rubén Salazar.
“En los últimos tres años ha venido reconfigurándose (el robo de combustibles). Han surgido nuevos grupos que no tenían un origen en el narcotráfico sino que ya están compuestos por gente de las propias comunidades, ha empezado a haber muchos ajustes de cuentas de cárteles en contra de bandas más pequeñas y esto porque ya se les estaba saliendo de control a ellos mismos, a los cárteles”, indicó.
Hasta el 2016, de acuerdo con reportes de la misma consultoría de riesgos, eran ocho los cárteles de la droga que lideraban en el robo de combustibles a los ductos de Pemex: CJNG, los Zetas, el Cártel del Golfo, el Cártel de los Beltrán Leyva, el Cártel de Sinaloa, la Familia Michoacana, los Caballeros Templarios y Cártel de Juárez; mientras que una pequeña parte de las tomas clandestinas, un poco más de 5%, eran atribuidas a bandas delictivas más pequeñas, situación que ha comenzado a cambiar.
