México tiene la tasa más alta de muertes por Cen el mundo, con el 9.2% de los pacientes infectados, unos 617 mil decesos hasta el día de hoy.
Desde el inicio, el presidente de México, minimizó la gravedad de la situación y se resistió a declarar la cuarentena nacional.
Recomendó a los ciudadanos traer en sus bolsillos una estampita religiosa para prevenir contagios.
Mantuvo sus giras presidenciales hasta marzo de 2020 y se rehusó frecuentemente a usar cubrebocas.
Otorgó presupuestos a los hospitales que los expertos calificaron de insuficientes para combatir la pandemia.
Sus políticas de austeridad obligaron a mantener la economía abierta, pese al aumento de los contagios.
El conteo de muertos por COVID es inexacto y se especula que es para hacer creer que la pandemia está controlada.
La vacunase aplica con fines electorales y se ha rechazado el apoyo de la iniciativa privada.
Hospitales sin insumos ni camas suficientes.
Permitió eventos religiosos sin medidas sanitarias, donde se sospecha que se detonó la propagación del virus.
Como importante fabricante de vacunas, India envió 10 millones de dosis a países vecinos, cuando sólo 1.9% de su población había sido vacunado.
Hubo líderes y primeros ministros que tomaron a tiempo las decisiones correctas, pero también están los que han sido señalados por haberse esforzado poco para combatir los brotes, por minimizar la gravedad de la pandemia, desdeñar los estudios científicos o ignorar las recomendaciones de sana distancia y uso de máscaras, con resultados devastadores para sus respectivos países, como en su momento lo hizo Jair Bolsonaro en Brasil.
