Seis presidentes, seis capos y un narco que decidió hablar. Esa es la apuesta de Anabel Hernández con Narcocracia, el libro que anunció este lunes a través del canal de YouTube de su podcast Narcosistema y que promete sacudir la versión oficial de cómo el crimen organizado penetró las instituciones mexicanas durante tres décadas.

La portada del libro ya circula en redes y no deja lugar a interpretaciones. Al centro aparece el rostro de “El Grande”. A su alrededor, la ilustración reúne a seis capos: Amado Carrillo Fuentes “El Señor de los Cielos”, Nemesio Oseguera Cervantes “El Mencho”, Joaquín Guzmán Loera “El Chapo”, Ismael Zambada García “El Mayo”, Abigael González Valencia “El Cuini” y Fausto Isidro Meza Flores “El Chapo Isidro”.

Del otro lado, los seis presidentes que gobernaron México desde 1994: Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto, Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum. También aparece Omar García Harfuch, actual secretario de Seguridad del gobierno federal.

“Cuando el crimen dicta las reglas, la democracia muere. Secretos guardados durante décadas están a punto de salir a la luz. Por primera vez un integrante del Cártel de Sinaloa rompe el silencio y revela cómo los narcos conquistaron nuestro país. Espérenlo pronto”, se lee en el post.

Sergio Villarreal Barragán nació en Torreón, Coahuila, ciudad que también fue su centro de operaciones. Mide dos metros tres centímetros —de ahí el apodo. Empezó como policía judicial y llegó a ser uno de los operadores más violentos de la historia del narcotráfico mexicano. Su zona de influencia abarcó toda la Comarca Lagunera.

Su primer contacto con el narco ocurrió en un punto de revisión carretero en Samalayuca, Chihuahua, cuando Amado Carrillo Fuentes lo encañonó y le dio dos opciones: alinearse o irse. Eligió la primera. Desde entonces comenzó a facilitar el aterrizaje de aviones cargados de cocaína mientras seguía en activo como agente. Con el tiempo operó también para el Cártel de Juárez y el Cártel de Sinaloa antes de incorporarse con Arturo Beltrán Leyva, cuando los hermanos se separaron del Cártel de Sinaloa en 2008.

Ya bajo las órdenes de Beltrán Leyva, mezcló elementos de la extinta AFI con sicarios del cártel para catear domicilios de rivales y eliminarlos. Operaba con una credencial de la AFI a nombre falso, con la que llegó a infiltrarse disfrazado de agente de la Subprocuraduría Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO).

También declaró que Genaro García Luna fue secuestrado por órdenes de Arturo Beltrán Leyva después de que el ex secretario le dijera que era “neutral” y que seguiría trabajando para todos los cárteles. “A Arturo no le gustó esa respuesta”, dijo Villarreal ante el tribunal. Para Beltrán Leyva, agregó, “en México todo es posible, hay mucha corrupción”.

Narró además haber torturado y ejecutado personalmente a Mario Pineda Villa “El MP” por órdenes de Arturo Beltrán Leyva. Tras matarlo en la carretera vieja a Cuernavaca, a la altura de Huitzilac, Morelos, recibió la orden de levantar a todos los que tuvieran relación con él. “Así se procedió en esos días, levantando más o menos a 90 personas, mismas que eran golpeadas y ejecutadas”, declaró.

La Marina lo detuvo el 13 de septiembre de 2010 en el fraccionamiento Puerta de Hierro, en Puebla. Durante los dos años que permaneció detenido en México, la PGR lo utilizó como testigo estrella bajo el nombre clave “Mateo” en más de 120 causas penales durante el sexenio de Calderón. Dos años después fue extraditado a Estados Unidos, donde se declaró culpable de conspiración, tráfico de cocaína y lavado de dinero, y acordó cooperar con el gobierno federal a cambio de beneficios procesales.

En enero de 2023 fue el primer testigo en declarar en el juicio contra Genaro García Luna, ex secretario de Seguridad Pública durante el sexenio de Calderón. Ante el juez Brian Cogan —el mismo que en 2019 condenó a cadena perpetua al Chapo— afirmó que García Luna recibía entre 1,000,000 y 1,500,000 dólares mensuales de los líderes del Cártel de Sinaloa.

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