El inicio del proceso electoral 2026-2027 se convirtió ayer en escenario de advertencias sobre el futuro del Instituto Nacional Electoral (INE), críticas por sus tareas pendientes y hasta acusaciones de negligencia. Esta vez, la opinión no fue sólo de la oposición, sino de varios consejeros que avizoran daños graves a la credibilidad y autonomía del órgano.

En unas cuantas horas, los responsables de la organización de las elecciones de poco más de 20 mil cargos en todo el país –incluida la renovación de la Cámara de Diputados y 17 gubernaturas– pasaron de la formalidad de la ceremonia patria y el ánimo festivo a las caras largas por el choque de trenes, ahora sí, evidente y público, en la máxima instancia de decisión del INE.

Desde antes de las 8 de la mañana llegaron a la explanada del INE mandos electorales y líderes partidistas. Para esa hora, la única sorpresa era la insólita asistencia de la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, en representación de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. La funcionaria llegó acompañada de la consejera Guadalupe Taddei.

Por lo demás, el preludio fue el típico de los honores a la bandera, el Himno Nacional y las interpretaciones de niños y jóvenes de la Banda Sinfónica de Ihuatzio. El cierre, también común, con el llamado de la presidenta del INE a los actores políticos a no saltarse la ley y llevar los pleitos por las vías institucionales.

Al término de la ceremonia, los integrantes del Consejo General enfilaron hacia el salón de sesiones, con otras dos novedades: el INE ya no usa el rosa mexicano como su color institucional, sino un tono lila, puesto de moda por el gobierno de la capital; la otra circunstancia distinta era que ya estaban ahí, en la “herradura de la democracia”, listos para hablar, el líder del PRI, Alejandro Moreno (el partido que va a Estados Unidos a pedir que le quiten la visa a consejeros del INE), esperando un round, así fuera de sombra, con la presidenta de Morena, Ariadna Montiel.

Otro asunto fue la confirmación y toma de protesta a Roberto Félix López, como nuevo encargado de la secretaría ejecutiva del instituto, el sexto en tres años y medio, a quien con mucho sarcasmo Alito le dio la bienvenida: “no se nos vaya a enfermar” con los tres anteriores en su puesto, le dijo en alusión a la intempestida salida, la víspera, de Claudia Espino.

Pero nadie previó lo que ocurriría después: el consejero Arturo Castillo, siempre reconocido por su técnica jurídica y moderación, recriminó el desempeño de la propia institución y las consecuencias de ello en la credibilidad del INE.

“El contexto en el que comienza (el proceso) constituye, desde mi perspectiva, el escenario perfecto para una elección cuestionada.”

Castillo, el mismo que ha insistido desde marzo pasado, sin éxito, en la urgencia de crear lineamientos para regular las “pre-precampañas”, ahora ocupó su turno al micrófono para advertir que mientras los partidos están incumpliendo la ley, el árbitro está inactivo, omiso y opaco.

También aseveró que hay una tendencia del Legislativo a bajarle el presupuesto al organismo comicial y, al mismo tiempo, cargarle la mano con más tareas. El tercer factor, el más grave de todos, puntualizó, es que “el INE parece haber claudicado a su función de vigilar y arbitrar las elecciones”.

Puso por ejemplo la falta de reglas para atajar los actos anticipados “y evitar que partidos y gobiernos se inmiscuyan en la organización y observación de las elecciones”. Todo lo anterior, más la pérdida de contrapresos internos, afectará la equidad de la contienda, los resultados y la confianza en la elección, aseveró.

Y para muestra, apretó un sensible botón. En lo que va del año –dijo– han sido nombrados 12 directivos sin consentimiento del Consejo General y fueron despedidas 836 personas.

Castillo pidió a sus colegas autocrítica y terminó así su discurso. También acabó la fiesta. Taddei y los suyos –siete de 11– alzaron cejas y empezaron a enviarse mensajes de WhatsApp. Luego, los consejeros Carla Humprhey y Martín Faz añadieron otras alertas. No hubo espejo, sólo réplica.

Frida Gómez, una de las tres personas que llegaron al Consejo General este año, y suele votar en el bloque de Taddei, subrayó que el INE tiene clara su responsabilidad y por ello no pueden normalizar la “infamia”.

De manera implícita colocó a los críticos como autores de patadas bajo la mesa, enviados de intereses ajenos y distorsionadores de la realidad; más aún, actores a conveniencia empeñados en mostrar al INE como una institución parcial “cuando no lo es”.

Representantes partidistas atizan la discusión

Los representantes partidistas se convirtieron en invitados incómodos de una casa donde los anfitriones se pelean, pero también en su turno atizaron la discusión, sobre todo para argumentar, según su criterio, quién es el indeseable de la historia.

El dirigente del PRI habló de los neodelitos electorales y de la participación del crimen organizado en comicios locales, pero también –como si fueran palabras emitidas por la oposición en los años 80– reprochó al árbitro su papel. “¿Cómo quieren ser recordados? ¿Cómo los que defendieron la democracia o quienes se doblaron ante el poder?”, preguntó.

Al final tomó la palabra la líder morenista, quien, metódica, hizo un recuento precisamente de la lucha –del ahora movimiento de la 4T– contra el fraude electoral de 1988 y luego de 2006 y 2012 orquestadas por el “viejo régimen”, que encerrado en sus cúpulas perdió el gobierno y el apoyo popular.

“Conservan sus siglas y registro, pero carecen de autoridad moral y legitimidad popular. La oposición –añadió– perdió al pueblo mucho antes de perder las elecciones.”

Montiel, al contrario, expresó su apoyo al INE y confió en que hará valer la legalidad y protegerá la voluntad popular.

Una vez agotada la lista de oradores, Taddei se acomodó en su asiento y dijo que era oportuno enviar un mensaje de “tranquilidad” a la ciudadanía, pero sobre todo contextualizar las críticas como parte de las campañas electorales.

En su opinión, no hay margen de maniobra de nadie que pueda amedrentarlos, porque se mantendrán en su papel, sin obedecer a tal o cual político, ni dejarse mangonear.

“Ni coercionados, ni extorsionados con ningún tiempo de amenazas”, fueron sus palabras. Así, propuso hacer oídos sordos a los presagios catastróficos. “No haré caso de los malos augurios”, atajó.

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