Sobre andamiajes de madera, restauradoras documentan y limpian cada centímetro del panel que se observa en la imagen. El daño ocasionado en un sitio rupestre afecta no solo la materialidad, sino los discursos visuales y simbólicos.

Lo que se ve en la fotografía es la labor de profesionales del Instituto Nacional de Antropología e Historia en un abrigo rocoso con pintura rupestre que sufrió desprendimientos por vibraciones en la Cueva Pinta y Cueva Pinta VI, en Cuatro Ciénegas, Coahuila.

Estos vestigios pictográficos, resultado de miles de años de ocupación humana en el desierto, son tan relevantes como las pirámides de Teotihuacan o el Templo de Kukulcán en Chichén Itzá.

Como señalan especialistas, la cicatriz del daño debe permanecer, para que la ausencia también se vea y se comprenda. La intervención, además, reveló detalles pictóricos inéditos que abren nuevas posibilidades de estudio para esta región.

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