Fernando Araujo, investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC) y doctor en Criminología, consideró que el ataque en la secundaria del ejido La Unión de Torreón, Coahuila, no puede considerarse como un hecho aislado, ni dirigir el tema únicamente a posibles asuntos de salud mental, sino que se tiene que abordar desde el ámbito estructural.

Mencionó que los problemas y fenómenos sociales alrededor del caso, sí atañen a las autoridades e instituciones.

“Estas situaciones solamente se controlan con políticas públicas, entonces hay una corresponsabilidad en ese sentido”, comentó.

El jueves, el fiscal de Coahuila, Federico Fernández, declaró que el móvil del ataque apuntaba a un asunto de querer idolatrar a figuras que cometieron los mismos actos en otras partes del mundo.

En ese sentido, Fernando Araujo comentó que detrás de las “réplicas” de los ataques, se ha construido históricamente una narrativa de que en los espacios escolares se generan procesos de vulnerabilidad y de violencia a los jóvenes con ciertas características específicas.

“Sociológicamente hablando habría que entender si el fenómeno de las violencias, el fenómeno de las réplicas a partir de la magnificación de algunos homicidios, conllevan a la naturalización, pero sobre sobre todo a la construcción de la identidad, pues estos jóvenes están cobrando una fuerza relevante o posicionamiento mediático”.

El doctor en Criminología también refiere que esas identidades y fijaciones que construyen las juventudes son derivado de vacíos, del sentirse desplazados. Por tal motivo, dijo que habría que cuestionar el papel de la institución educativa como estructura, pues consideró que privilegia cierto tipo de juventudes e infancias, y desplaza a jóvenes que no cumplen satisfactoriamente con los estándares.

Segundo ataque

Este es el segundo episodio de ataque que ocurre en Torreón. En enero de 2020, un niño de 11 años ingresó dos armas al colegio Cervantes de Torreón y mató a una maestra, hirió a otras seis personas y luego se quitó la vida. En aquella ocasión, el niño vestía ropa parecida a la utilizada por los atacantes en la secundaria de Columbine, Estados Unidos, en 1999.

Fernando Araujo consideró que no se hizo un diagnóstico en su momento, que tendría que haber sido prioritario para entender lo que conlleva, entonces, a un niño a cometer ese tipo de violencia.

El investigador comentó que lo que está en manos de las autoridades en el corto plazo es la construcción de un diagnóstico que identifique cómo es la situación de violencia en las escuelas para empezar a desarrollar un análisis, y entender o identificar dónde se focalizan estas violencias.

“Estamos consternados”

“Estamos consternados y conmocionados por cómo sucedió”, dijo Nahúm Nevárez, hermano de la maestra Nedi Edit, quien murió en el ataque.

Al velorio llegaron familiares, amigos y la comunidad magisterial para despedir a quien consideran una heroína.
“Es una heroína”, calificó Arturo Díaz, secretario de la sección 35 del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación (SNTE), quien acudió a dar el pésame a la familia.

Emanuel Garza Fishburn, secretario de Educación de Coahuila, también consideró que el actuar de maestras y maestros fue una entrega amorosa y valiente.

La señora Claudia Margarita Martínez Ramos, abuela de una niña que estuvo en el lugar, dijo que acudió al velorio para darle las gracias a la subdirectora, pues, aunque no la conoció, logró contener y proteger a los niños.

“Ella dio la vida por proteger a los niños. La maestra se fue directo al cielo”, recalcó.

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