El Colegio Cervantes, ubicado en Torreón, Coahuila, sufrió hace poco tiempo uno de sus peores capítulos como centro educativo: un estudiante de apenas 11 años de edad mató a su maestra, hirió a otro profesor y a cinco alumnos, y luego se suicidó con una de las dos armas de fuego que ingresó al plantel.

Tras el evento que conmocionó a la opinión pública nacional e internacional, Quetzalcóatl Hernández Cervantes, coordinador del Doctorado en Investigación Psicológica del Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad Iberoamericana Puebla y presidente de la Asociación Mexicana de Suicidología, fue parte del equipo conformado por psicoterapeutas expertos en cuestiones de trauma que atendieron la emergencia para dar atención en aquel plantel.

Hernández platicó respetando la confidencialidad y la identidad de los niños y los padres de las víctimas— lo que encontró tras la tragedia.

Habló del trabajo pendiente que tenemos como sociedad con el estigma de atribuir este tipo de conductas solo al uso de videojuegos, pero en especial a que entendamos que esto pudo ocurrir en cualquier escuela del país y que, en definitiva, es mucho más importante el núcleo familiar de los niños y las niñas: «Esto es un reflejo de cómo muchas situaciones que desafortunadamente están afectando al tejido social pudo haber ocurrido en cualquier escuela. Estas situaciones no son propias de un perfil de escuela en particular ni mucho menos de una persona en específico», aclaró.

Mencionó, por ejemplo, que, en este caso en lo particular, destaca el distanciamiento entre los cuidadores (los abuelos) y el menor, además la posibilidad de acceder a las armas de fuego, por lo que destacó que, en estos casos, el desenlace puede ser sumamente variable por esa disposición de contar con un arma y con esa facilidad.

Aunque varias personas estén expuestas al mismo evento traumático, no necesariamente la respuesta va a ser la misma, puntualizó. En este caso, mencionó que a quienes puede tomarles mayor tiempo de recuperación es a los adultos, porque los que son padres de familia, en la cuestión de «pudo haber sido mi hijo», pueden ser mucho más receptivos que el mismo menor de edad: «En general, la respuesta de los menores, incluso del mismo grupo de este chico, la respuesta estaba siendo bastante adaptativa, de poder hablar bien sobre las preocupaciones y de los temores, sin que eso resultara por ejemplo en una interferencia para acudir a la escuela, y tanto fue así que estas primeras acciones de contención las tuvimos en la misma escuela», señaló.

Para Hernández, la labor no es encontrar un culpable, sino más bien averiguar cómo delegamos en cuestiones del uso de internet, los videojuegos, las cuestiones económicas y el tiempo que los padres o los tutores tienen para dedicarle a los hijos, de hacernos más sensibles a la pertinencia del psicólogo escolar respecto a cómo vale la pena dar cumplimiento de un programa académico, dar espacios para el desarrollo socioemocional de los menores.

Dijo que hay muchas cuestiones que le atribuimos a las escuelas, como factores externos, pero en realidad son cuestiones más de la dinámica en casa.

Otro de los puntos principales que desempeñaron como expertos fue implementar tres estrategias fundamentales: preguntar, escuchar y referir.

Entender 

El experto explicó que las preguntas clave pueden salvar más de una vida, como cuestionar abiertamente si se está en una situación de malestar, si se siente deseo suicida o si ha habido alguna situación de agresión o violencia: «Más vale que sobre preguntar que aquí alguien haga falta», dijo.

En cuanto a escuchar, señaló que se vuelve algo difícil de hacer, pues estamos muy acostumbrados a regañar, a dar consejos, a formular un plan, cuando en realidad se debe terminar de escuchar «lo que se tenga que escuchar», porque no necesariamente la primera ayuda es de tipo psicológico o médico, a veces es de tipo legal o pedagógico: «Hay que aprender a escuchar sin interrumpir, sin emitir juicio, y sobre todo desprendernos de esta parte de que lo que nos puedan decir los hijos sea una cuestión para regañar, para retractar, para suspender, sino más bien para entender cuál es la dinámica que están viviendo», afirmó, para luego dar paso a conectar o referir a los afectados.

Mochila segura 

Respecto a la estrategia de prevención de revisar las mochilas de todos y cada uno de los alumnos en las escuelas, el experto destacó que ninguna escuela es un centro de atención psicológica ni tiene como función sustantiva hacer tratamiento y mucho menos un diagnóstico de quién tiene problemas y quién no tiene problemas psicológicos: «Creo que muchas de estas cuestiones, por ejemplo, más bien son de diálogo, de comunicación al interior de la familia. Es injusto decir cuando un menor está a cargo de los abuelos; las personas pueden crecer en distintos ambientes. A mí me parece que el cuidador, el padre, el tío, el abuelo, la abuela en general hacen su mayor esfuerzo para estar presentes en el cuidado de los menores, y también habrá situaciones que incluso salgan del control de las personas», destacó.

Su presencia, junto a la de los demás expertos en este colegio, es crear una serie de apoyos que van mucho más allá del respaldo psicológico emocional, replantear y reformular con los padres de familia la parte de identidad y crianza, comentó.

Por ello, pasados tres meses de estos terribles acontecimientos en el norte del país, regresarán para realizar una nueva evaluación de los casos y determinar si todo va bien o si habrá casos en los que se deba dar medicación o realizar otras acciones.

Tragedia

Una profesora de inglés, de 50 años, murió el pasado 10 de enero luego de que un niño de sexto de primaria  llamado José Ángel, disparara un arma de fuego con la cual hirió a cinco alumnos y a un maestro de educación física, y después se quitó la vida.

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