Hace dos años el entonces presidente de la FMF, Yon de Luisa, prometió a la FIFA que en México la multipropiedad sería eliminada en 2026. Aparentemente este lastre del futbol nacional pronto será desterrado (también regresará el ascenso y descenso), lo cual es una noticia positiva. Dos de los multidueños, Grupo Pachuca y Grupo Orlegi, han puesto en venta a León y Atlas, respectivamente. El caso del Atlas me parece especialmente interesante, en vista de las circunstancias que lo rodean:

En principio, Orlegi decidió deshacerse del Atlas y no del Santos, su otro equipo, porque el cuadro de Torreón es más importante para ellos sentimentalmente hablando, ya que fue su primer club, además de que el Atlas posee un mayor valor de venta, debido a sus activos y mercado. Sin embargo, parece que lo del amor a la camiseta no es del todo cierto: El Santos Laguna presenta un adeudo fiscal que, entre capital, multas y recargos, supera los 4 mil millones de pesos y los terrenos donde se encuentran las instalaciones Santos-Modelo son reclamados por ejidatarios de la zona, quienes han demandado al grupo empresarial por despojo, cuyo director, Alejandro Irarragorri, cuenta con una orden de aprehensión y anda a salto de mata. Es decir, Santos está bastante emproblemado y no es factible su venta en este momento.

Recordemos que Orlegi se hizo con el control del Atlas en 2019, al adquirir 70% de las acciones del entonces propietario Ricardo Salinas Pliego, el popular y simpático “Tío Richie”, que también tiene sus queveres con Hacienda (¡vaya que los tiene!).

Irarragorri y asociados hicieron un excelente negocio con el club tapatío; pagaron 90 millones de dólares y pedirán alrededor de 300 millones de billetes verdes. Sus principales basas son el flamante centro de alto rendimiento AGA y el remodelado estadio Jalisco, que en conjunto no costaron más de 20 millones, un precio similar al que pagarían por dos o tres troncos sudamericanos. Parece una buena jugada financiera, pero, dado el apuro económico (Orlegi necesita recursos frescos urgentemente, a diferencia de Grupo Pachuca), los posibles compradores con toda seguridad querrán aprovechar la situación y castigar el precio. De cualquier manera, será un excelente negocio para el grupo; Orlegi ya ganó y podrá retirarse satisfecho del futbol mexicano (lo cual espero sea pronto, porque ellos fueron los principales instigadores de la eliminación del ascenso y descenso y la cuasi fusión-absorción con la MLS).

Entre los posibles compradores se ha mencionado a las familias (con lazos de parentesco) Leaño y Martínez Garza, exitosísimos empresarios tapatíos del ramo inmobiliario e industrial. Los Leaño, propietarios de los Tecos de la UAG (Universidad Autónoma de Guadalajara), tienen experiencia dentro del futbol mexicano y han expresado sus intenciones de volver, sólo que como dueños de Chivas. Sea como sea, al costo de la franquicia rojinegra habrá que agregarle otros 100 millones de dólares, aproximadamente, para reconstruir el plantel, porque se encuentra totalmente desmantelado después de la salida de los jugadores que obtuvieron el bicampeonato. En los últimos seis torneos cortos Atlas ha obtenido un promedio de 17 puntos, un pésimo rendimiento que lo pondría en serio peligro en caso de reinstaurarse el ascenso-descenso.

Lo ideal es que sean empresarios jaliscienses quienes compren al Atlas, porque de no ser así habrá un serio peligro de que un nuevo dueño, digamos gringo o árabe, saque al equipo de Guadalajara para llevarlo a otra sede, lo cual sería una auténtica tragedia. Los rojinegros son más que un simple equipo de futbol; forman parte del alma tapatía; un símbolo cultural que le ha dado identidad a varias generaciones. El aficionado atlista (más aún que el cruzazulino) es un mártir del balón que sufre estoicamente los golpes de la derrota sin que su ánimo decaiga. En Guadalajara-Guanatos y su zona metropolitana el equipo más querido e importante es el Atlas, más que las Chivas, que tienen la mayoría de sus aficionados fuera de La Perla. Así pues, sería bueno ver a este club, que antiguamente los cronistas llamaban “Los Margaritas”, “La Academia” o “Los Amigos del Balón”, por su futbol refinado y exquisito convertido en su sello institucional, en manos de un dueño responsable y sensible que respete su herencia. 

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