El obispo de Saltillo, Hilario González García, consideró urgente recuperar los llamados “núcleos de afecto”, espacios en los que adolescentes y jóvenes puedan sentirse amados, valorados y acompañados, como una medida para prevenir que sean influenciados por modelos de violencia difundidos principalmente a través de redes sociales.
Tras los hechos ocurridos el pasado jueves en un plantel educativo del ejido La Unión, en Torreón, el representante de la Iglesia católica señaló que es necesario fortalecer los vínculos en la familia, la escuela, el barrio y las comunidades religiosas, con el propósito de reconstruir formas sanas de convivencia.
“Sí es un ambiente difícil, de crueldad, de violencia, el imitar estos modelos de inadecuación social, por decirlo así, y volvemos al mismo tema de la importancia de los núcleos donde establecemos relaciones de afecto, de valía, de aprecio sano, que es la familia, el barrio, la escuela, la Iglesia”, expresó.
González García sostuvo que la sociedad debe recuperar la capacidad de relacionarse desde el respeto y no desde la agresión, especialmente ante la exposición de los jóvenes a contenidos violentos e ideologías de odio surgidas en otros países que posteriormente encuentran eco en México.
En este sentido, hizo un llamado a las autoridades para establecer estrategias que permitan canalizar positivamente la energía de adolescentes y jóvenes mediante actividades deportivas, culturales, artísticas y recreativas.
“Ante este tipo de casos lamentables necesitamos también urgentemente de estos espacios de convivencia como son el deporte, la cultura, el arte, la convivencia espiritual, hablando ya desde la realidad de las iglesias y de las comunidades religiosas”, señaló.
El obispo destacó que estas alternativas pueden ofrecer a los jóvenes espacios donde expresar sus inquietudes, desarrollar sus capacidades y encontrar referentes positivos, disminuyendo el riesgo de que busquen identidad o reconocimiento en contenidos que glorifican la violencia.
También subrayó la importancia de trabajar en el reconocimiento de la dignidad de cada persona, independientemente de que sea hombre o mujer, y promover el diálogo y la paz como herramientas fundamentales para resolver conflictos.
Consideró que la reconstrucción del tejido social debe comenzar desde la persona y extenderse hacia la familia, la escuela, el trabajo y la comunidad.
“Hasta ahora hemos venido trabajando lo contrario, por eso hay que recomponer el tejido social desde el corazón hasta la sociedad, pasando por la familia, la escuela o el trabajo”, manifestó.
