No hay nada peor que una cerveza tibia, para que sea refrescante es requisito que esté “bien muerta”, helada. Esta bebida provoca una sensación de frescura en el cuerpo precisamente por su temperatura, a lo cual contribuye la percepción de sus burbujas en la boca, aunque no tiene particularidad alguna, solo cumple la función de cualquier otra bebida fría.
Sin embargo, en un artículo de The Conversation, Miguel Herrero, científico del Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación y autor del libro Los falsos mitos de la alimentación, explica que es erróneo pensar que la cerveza ayuda a la hidratación:
“La cerveza no puede ser buena para hidratarnos porque el alcohol tiene un efecto diurético que conlleva una alta deshidratación. Por idéntica razón, la cerveza tampoco ayuda a que el organismo se recupere después de un deporte intenso”.
Miguel Herrero detalla que una cerveza sin alcohol sí podría tener un mayor potencial para hidratar, aunque lo más efectivo es el agua.
Así, con la intensa pérdida de líquidos por sudor y orina, aumentan los niveles de deshidratación, la cual puede tener efectos como dolor de cabeza, calambres musculares y hasta un golpe de calor.
Aunado a ello, cabe destacar que el alcohol es un vasodilatador, por lo cual el calor corporal asciende a la superficie de la piel, es decir, provoca más calor.
Esto no significa el destierro de una chelita fría, pero al beberla hay que recordar moderar el consumo y mantener una hidratación constante de agua en especial en tiempos de altas temperaturas.
