Varios países europeos enfrentan una intensa ola de calor que ha puesto a prueba sus sistemas de salud, transporte y energía.

Las temperaturas, que han superado los 40 grados en algunas regiones, obligaron a declarar alertas rojas y a suspender actividades al aire libre en ciudades como Roma, Madrid y París.
Los hospitales reportan un aumento de pacientes con golpes de calor y deshidratación, especialmente en adultos mayores. Autoridades sanitarias recomendaron a la población permanecer en lugares frescos e hidratarse constantemente.
El sector energético también enfrenta desafíos, con una creciente demanda de electricidad para aire acondicionado que ha tensionado las redes. Algunas ciudades han tenido apagones intermitentes.
La comunidad científica insiste en que fenómenos de esta magnitud son consecuencia del cambio climático y que se volverán cada vez más frecuentes si no se aplican medidas urgentes a nivel global.
