Después de meses de enfrentamientos, Hamas aceptó una propuesta de alto al fuego temporal con Israel, mediada por países árabes. El acuerdo contempla un cese de hostilidades de 60 días, además del intercambio de prisioneros y rehenes, en un intento por aliviar la crisis humanitaria en Gaza.

La población civil ha sido la más afectada por la violencia, con decenas de miles de víctimas y una situación de hambruna generalizada. Organismos internacionales advierten que la ayuda humanitaria debe entrar de inmediato para evitar un escenario aún más catastrófico.
En Israel, mientras tanto, continúan las protestas masivas contra el gobierno de Benjamin Netanyahu. Cientos de miles de ciudadanos han salido a las calles para exigir un cambio de rumbo en la gestión del conflicto y la liberación de los rehenes que aún permanecen en manos de Hamas.
Los países mediadores consideran que esta tregua podría ser la puerta de entrada a negociaciones más amplias, aunque no descartan el riesgo de que los combates se reanuden si no se alcanzan acuerdos sólidos.
La comunidad internacional sigue de cerca la evolución del pacto, consciente de que lo que ocurra en las próximas semanas marcará un punto de inflexión en uno de los conflictos más largos y complejos del mundo moderno.
